viernes, 1 de enero de 2010

Itinerario 7: Els Horts Vells d'Albarca

Itinerario en color verde mediano

El itinerario de Els Horts Vells de Albarca es muy especial por varias razones: ofrece la oportunidad de pasear por el único encinar que podemos encontrar actualmente dentro las fincas públicas, permite conocer los espacios dedicados a huerto desde el principio del dominio de Albarca, y nos descubre los rincones más escondidos del torrente de Es Matzoc antes de llegar al mar.

Dificultad: media. Duración: 60 min.


LAS CASAS DE ALBARCA

El camino empieza al borde las casas de Albarca. Este predio mallorquín, comprado por el Gobierno de las Illes Balears en el año 2000, comprende, entre otras edificaciones, la casa de los dueños, hoy en día habilitada como refugio, y la casa de los colonos, en la que viven los campesinos de la finca.

Entre las dos casas, unidas por unos arcos que canalizan el agua, hay un pasillo al final del cual, girando hacia la derecha, se inicia el camino de bajada hacia els Horts Vells (los huertos viejos).

EL ENCINAR DE ALBARCA Y EL TORRENTE DE ES MATZOC     

Siguiendo el camino de Els Horts Vells, entramos en un encinar sombrío y húmedo, que conforma uno de los ambientes más diferenciados del Parque Natural.

Los humanos han empleado los encinares como fuente de recursos durante siglos, para obtener madera, carbón, cal y también como espacio para la alimentación del rebaño (cerdos, ovejas, cabras, yeguas y bueyes).

El aprovechamiento continuado de los encinares, llevada a cabo por leñadores, carboneros, caleros y pastores con sus rebaños ha provocado un conjunto de alteraciones en su extensión, aspecto y las especies que allí habitan. El tupido bosque, se ha transformado en pequeños bosquetes de encinas corpulentas o dehesas, con pocas plantas herbáceas debajo.

Dentro del encinar, podéis encontrar arbustos grandes, como el madroño (Arbutus unedo) y el lentisco(Pistacia lentiscus), así como otros más pequeños, como el brusco (Ruscus aculeatus) y el matapollo (Daphne gnidium).

Las lianas, como la hiedra (Hedera helix) y la madreselva (Lonicera implexa), se enfilan por los árboles buscando la luz, mientras que otras plantas, como el pamporcino (Cyclamen balearicum) y el frailillo (Arisarum vulgare), viven en condiciones de sombra.

Aprovechad para escuchar los sonidos de los pájaros que habitan este lugar, como el carbonero común (Parus mayor), el pinzón (Fringilla coelebs) y el autillo(Otus scops). Durante el otoño y el invierno, podréis ver zorzales(Turdus philomelos) y petirrojos (Erithacus rubecula).

El encinar de Albarca está rodeado de cultivos, sotos y chaparral mediterráneo, y por eso es rico en especies de mamíferos terrestres como la jineta (Genetta genetta), el erizo (Atelerix algirus) y el lirón careto (Eliomys quercinus).

Dentro del encinar, transcurre el torrente de Es Matzoc, al que el camino se acerca de vez en cuando. El terreno que recorre el torrente es muy permeable, lo que hace que el agua se infiltre. Así, el subsuelo del torrente mantiene la humedad necesaria para las encinas y la hierba de la castidad (Vitex agnus castus), arbusto protegido que flanquea el lecho del torrente. Las flores de la hierba de la castidad, moradas y olorosas, se empleaban antiguamente para menguar el deseo sexual.

Cerca del torrente, oiréis el chochín (Troglodytes troglodytes), el papamoscas gris (Muscicapa striata) y la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala).

ELS HORTS VELLS Y LA ALBERCA

Una vez dejado atrás el encinar, el itinerario transcurre por la zona conocida como los Horts Vells. En esta zona, los olivos se esparcen entre los cultivos de cereales destinados al alimento del rebaño ovino.

Antiguamente, este espacio se trabajaba como huerta, aprovechando la accesibilidad del agua. De hecho, poco después de dejar el encinar, encontraremos un pozo y un poco más adelante, a la derecha, la alberca en la que se almacena el agua de riego. Esta alberca es también un buen punto de provisión de agua para la fauna.

Por el camino, encontramos aves como el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), el triguero (Emberiza calandra), el escribano soteño (Emberiza cirlus), el pardillo (Carduelis cannabina), la abubilla (Upupa epops), el mirlo (Turdus merula), la golondrina (Hirundo rustica), el jilguero (Carduelis carduelis) y el verdecillo (Serinus serinus).

Entre las plantas del lugar, destaca la cañaheja (Ferula communis), que es muy vistosa cuando florece, a partir de mayo. Esta planta está ligada a las tradiciones de la comarca, puesto que los demonios de Artà llevan troncos de cañaheja en los bailes de las fiestas de San Antonio.

Dejamos a la derecha la reja y el camino que lleva a la finca privada de Sa Cova y subimos por una pendiente que rodea campos de cultivo y carrizales, hasta llegar a un punto elevado que ofrece vistas muy amplias hasta el mar. A la derecha, la panorámica se abre y podemos observar la atalaya Moreia.

Siguiendo el itinerario, se puede apreciar una antigua cantera de arenisca, de donde cuentan que se extrajo toda la piedra necesaria para la construcción de las casas de Albarca.

Al llegar al camino ancho, podemos girar hacia la izquierda, iniciando un ascenso continuado que nos conducirá hacia las casas de Albarca. Si queremos ir a S’Arenalet des Verger, tendremos que ir por el camino de la derecha.

EL HORNO DE CAL

El itinerario sigue dejando a la derecha un valle conocido como el Clot des Tabac (hoyo del tabaco). El topónimo evoca la relación que esta zona mantuvo con el contrabando durante décadas.

A orillas del camino, encontramos también un horno de cal en un estado de conservación bastante satisfactorio.

¿PARA QUÉ SERVIA LA CAL Y CÓMO FUNCIONABA UN HORNO DE CAL?

Desde hace 3.000 años, y hasta que fue sustituida por el cemento (a partir del siglo XIX, pero sobre todo tras la Guerra Civil), la cal fue el conglomerado más empleado para unir y proteger los materiales. Además, la cal se usaba para encalar, desinfectar y sulfatar las plantas y protegerlas así contra las plagas.

La cal se producía en hornos de piedra de planta circular y sección normalmente cónica, a menudo excavados en la pendiente. Las piedras se apilaban formando un arco en el interior del horno y se cocían a 900-1.000 ºC. En la parte inferior, se dejaba una ventana o "boca" para introducir la leña. La cocción podía durar desde unas horas a 15 días, en función de las dimensiones del horno.

Una vez calcinadas las piedras, se desmontaba el arco a golpes de pico, y las piedras se deshacían en terrones de cal viva.

¿DE DÓNDE SACABAN EL COMBUSTIBLE PARA EL HORNO DE CAL?

Como combustible, se empleaba la leña que se obtenía al desbrozar el bosque. En un horno, se podían quemar desde 700 a 1.800 fajos de leña, de 30 a 40 Kg. cada uno, para obtener más de 20 toneladas de cal. La limpieza vegetal fomentaba la productividad del bosque y evitaba el riesgo de incendios. 

Por lo tanto, el horno de cal de este itinerario es una prueba de que, en el pasado, los alrededores del horno fueron bosques. Los incendios reiterados y la explotación forestal excesiva redujeron los bosques a su extensión actual.

LA VUELTA A ALBARCA

El camino de vuelta nos permite ver especies que hasta ahora no habíamos podido observar, como el romero (Rosmarinus officinalis), el brezo (Erica multiflora) y la estepa morisca (Cystus monspeliensis), así como otras especies que ya habíamos visto cerca de los campos cultivados de los Horts Vells (pinos, acebuches y cañahejas).

Si os quedáis hasta el atardecer, en las cercanías de las casas de Albarca podréis ver dos especies de murciélagos: la común (Pipistrellus pipistrellus), pequeña, que prefiere los lugares humanizados, y el murciélago rabudo (Tadarida teniotis), mucho más grande, que suele refugiarse en las hendiduras de los peñascos

El camino de vuelta nos permite ver especies que hasta ahora no habíamos podido observar, como el romero (Rosmarinus officinalis), el brezo (Erica multiflora) y la estepa morisca (Cystus monspeliensis), así como otras especies que ya habíamos visto cerca de los campos cultivados de los Horts Vells (pinos, acebuches y cañahejas).

Si os quedáis hasta el atardecer, en las cercanías de las casas de Albarca podréis ver dos especies de murciélagos: la común (Pipistrellus pipistrellus), pequeña, que prefiere los lugares humanizados, y el murciélago rabudo (Tadarida teniotis), mucho más grande, que suele refugiarse en las hendiduras de los peñascos