Itinerario de color rojo
El itinerario une las casas de Es Verger con las de Albarca, atravesando el valle de Es Verger.
El recorrido empieza a la altura de las casas de Es Verger, tras pasar la barrera que da acceso a la finca de Es Verger y que se encuentra en el collado del mismo nombre (304 m).
Dificultad: baja. Duración: 35 min. (Sólo ida)
LA FINCA DE ES VERGER Y LAS CASAS
Las casas originarias de Es Verger se construyeron en el s. XIV y están compuestas por una edificación de dos alturas con dependencias adosadas de uso agrícola y ganadero. La cubierta conserva la estructura tradicional con vigas de madera y cañizo, aunque el estado de conservación del conjunto es bastante malo. El cobertizo para el carro presenta un portal con arco y la cubierta con vuelta de caño de arenisca.
La existencia de agua en esta zona permitió aprovechar los bancales para desarrollar una zona hortícola. Quedan todavía algunos árboles frutales (higueras y almendros) y laureles.
Los actuales huéspedes de las casas de Es Verger son algunos murciélagos, que se alimentan de mariposas nocturnas, escarabajos y otros insectos voladores, y las lechuzas (Tyto alba), rapaces nocturnas que se alimentan de insectos y roedores.
Sin embargo, si hay un animal que sea el centro de todas las miradas en Es Verger, ése es la vaca mallorquina, pequeña pero fuerte y bien adaptada a la montaña. Tiene el pelo corto y castaño, más claro u oscuro dependiendo de cada individuo. Esta raza aprovecha las plantas lignificadas o muy fibrosas, como el carrizo, y ayuda a controlar este tipo de vegetación, manteniendo limpio el monte bajo.
Delante del camino, podremos ver un cortafuego hecho por las brigadas con herramientas mecánicas que realizan actuaciones de prevención de incendios forestales. El pastoreo de los rebaños complementa estas actuaciones.
AGUA Y PIEDRA
La fuente de Es Verger y el agua que se recoge en esta cuenca son el origen del torrente de Es Niu des Pilot, que recorre el valle, hasta juntarse con el torrente de Es Matzoc.
Bajando por el camino, en dirección hacia Albarca, avanzamos paralelos a una acequia para la distribución del agua entre los cultivos de los bancales.
Desde aquí, disfrutamos de una panorámica encuadrada entre bancales, que permiten aprovechar al máximo el suelo para los usos agrícolas, frenan los procesos erosivos y contribuyen a la regulación del régimen hidráulico.
La construcción de bancales, paredes, fuentes y canalizaciones conlleva la creación de hábitats colonizados por especies como los invertebrados, que encuentran dentro de los muros de piedra un ambiente con condiciones estables, a resguardo de los depredadores.
Entre los vertebrados que buscan alimento y refugio en los agujeros, encontramos reptiles como la salamanquesa (Tarentola mauretanica) y mamíferos como el ratón de campo (Apodemus sylvaticus) y la comadreja (Mustela nivalis). En la zona también podemos ver alcaravanes (Burhinus oedicnemus).
SES MURADES
A la derecha, el impresionante conjunto de acantilados que forman ses Murades cierra el valle de Es Verger. Detrás de esta barrera natural, se abre el collado de Albarca, que constituye el acceso a la finca desde Artà.
Los acantilados se encuentran colonizados por un tipo de flora rupícola que suele ser endémica. Allí, predominan las plantas leñosas con forma de cojinetes, como la Crepis triasii y la “maçanella” (Helichrysum ambiguum).
Algunas especies de aves muy valiosas emplean los peñascos como lugar de reproducción. Es el caso del roquero solitario (Monticola solitarius), que vive en las zonas rocosas de la costa y en las montañas; la águila calzada (Haliaetus pennatus), una pequeña águila que cuenta con una de las poblaciones más importantes de Mallorca en las montañas de Artà, y el halcón peregrino (Falco peregrinus), que caza siempre en el aire aprovechando la enorme aceleración de sus picados.
La presencia de estas y de otras aves de rapiña, como el alimoche (Neophron percnopterus) y el milano real (Milvus milvus), hacen que el parque natural de la península de Llevant tenga un elevado interés faunístico.
LA PILA Y SUS HABITANTES
Unos centenares de metros por debajo de las casas, encontramos una alberca pequeña en la que puede beber el rebaño de la finca y que constituye además un hábitat para muchas plantas, como el pie de cristo (Potentilla reptans), la berraza (Apium nodiflorum), falsía (Adiantum capillus-veneris), musgos y algas. Entre los animales, hay muchos que viven, al menos, parte de su ciclo vital, dentro el agua, como los crustáceos, los moluscos y los insectos. La rana (Rana perezi), encuentra en la balsa un ambiente idóneo para la reproducción entre las algas, mientras que la culebra viperina (Natrix maura), se esconde para cazar ranas, escarabajos, larvas de libélula o caracoles.
En verano, cuando el agua escasea, la alberca se convierte en un centro de vida.
Las fuentes, albercas y balsas del Parque se limpian regularmente para mantenerlas en condiciones. Su abandono supondría la desaparición de este pequeño ecosistema.
EL COLLADO DE SA BARRERETA
Cuando acabamos el descenso por el valle, antes de iniciar la subida al collado de sa Barrereta, encontramos un pinar en el que se llevan a cabo varias tareas para prevenir plagas forestales. A mano izquierda, veremos una vereda que sube hacia ses Monjoies: se trata del camino de Es Niu des Pilot. Si lo cogiéramos, nos conduciría cerca de la cala de Sa Font Celada.
Después de haber pasado el pinar, vale la pena disfrutar de las magnificas vistas: el valle de Es Verger, por donde hemos llegado, protegido por Ses Murades y el monte de Es Corb, el olivar de Albarca, las casas de sa Cova, el monte de S'Àguila, al fondo a la derecha, y el monte de Es Telègraf, con la atalaya de Son Jaumell a la izquierda.
Entre los pájaros que podemos oír en los pinares, se encuentra el piquituerto (Loxia curvirrostra), el pinzón (Fringilla coelebs) o el verderón (Carduelis chloris) y el mosquitero (Phylloscopus collybita). También hallamos el torcecuello (Jynx torquilla), la becada (Scolopax rusticola) y la paloma torcaz (Columba palumbus).
Durante el invierno, veremos petirrojos (Erithacus rubecula) y lavanderas blancas (Motacilla alba), muy frecuentes en los cultivos y los caminos.
A orillas del camino, encontramos cardos silvestres (Cynara cardunculus), cuyas flores se empleaban tradicionalmente en la elaboración del queso.
A la altura del torrente, que se junta varias veces con el camino que seguimos, observamos estepas, palmitos, lechetreznas y cojinetes que aparecen sobre los afloramientos de roca.
EL OLIVAR Y LAS CASAS DE ALBARCA
Siguiendo nuestra ruta, atravesamos el olivar de Albarca y una zona de encinar hasta llegar al cruce con el camino procedente de Son Puça. Colgadas de los olivos, veremos trampas de fosfato que sirven para prevenir la plaga de la mosca del olivo.
A partir de las olivas que se cosechan en Albarca se elabora el aceite de oliva de producción ecológica, que es muy apreciado. Las olivas se prensan fuera de las fincas, aunque la almazara de Albarca, adosada a la parte posterior de la casa de los amos, todavía se conserva en muy buen estado.
Al llegar al cruce señalizado, cogemos el camino de la derecha, por el que llegaremos a Albarca en 5 minutos. Justo antes de llegar a las casas, veremos unos establos y, acto seguido, a mano derecha, la alberca.
Las casas de Albarca, originarias del siglo XIII, son dos edificaciones (casa de los colonos y casa de los dueños) unidas por dos arcos carpaneles (canales de agua). Las cubiertas, de teja árabe, son a dos aguas. Hay varias dependencias separadas: graneros, pajares, pocilgas, comedores y una leñera.
Detrás de las casas de Albarca, se han encontrado restos cerámicos de la época medieval, tanto de origen islámico como cristiano.
La casa de los dueños, o casa de S'Alzina, es hoy un refugio de montaña gestionado por el Parc natural de la península de Llevant, que sirve como punto de partida para realizar agradables excursiones por la costa y por la sierra.
